Por: Jazmín Goicochea
Presidenta de Red Trans La Libertad
La polémica por los huacos eróticos de la cultura mochica
vuelve a poner sobre la mesa un debate fundamental: ¿proteger a la niñez
significa censurar nuestra historia o educar para comprenderla?
Resulta preocupante que determinadas posturas ideológicas y
religiosas pretendan convertir sus convicciones en criterios para decidir qué
expresiones de nuestro patrimonio cultural deben mostrarse y cuáles ocultarse.
La defensa de la infancia es una obligación de todos, pero no debería
utilizarse como argumento para descontextualizar o borrar manifestaciones de
una civilización milenaria.
Los huacos eróticos mochicas son piezas arqueológicas que
forman parte de nuestro legado histórico. Sus representaciones del cuerpo, la
sexualidad y la reproducción deben comprenderse desde su contexto cultural, sin
imponerles automáticamente los prejuicios de la sociedad actual. La respuesta
no es la censura, sino la educación, la investigación y una presentación
responsable del patrimonio.
Si realmente nos preocupa la infancia, también debemos mirar
las graves situaciones de violencia sexual, explotación y abandono que afectan
a niños y adolescentes en el Perú. Las denuncias de abusos contra menores,
incluidas las conocidas en Condorcanqui, exigen prevención, justicia y
protección efectiva para las víctimas.
La defensa de los niños debe ser coherente y permanente, no
selectiva ni condicionada por intereses políticos o religiosos. No basta con
levantar la bandera de la protección infantil ante una controversia cultural;
es necesario actuar frente a todas las formas de violencia que vulneran sus
derechos.
Si existen inquietudes sobre cómo presentar determinadas
piezas arqueológicas a públicos infantiles, corresponde establecer criterios
pedagógicos y brindar información adecuada a cada edad. Educar no significa
ocultar; significa explicar, contextualizar y formar ciudadanos críticos.
Nuestra identidad cultural no puede quedar sometida a
disputas ideológicas. El patrimonio mochica pertenece a la historia del Perú y
merece ser estudiado y difundido con rigor, respeto y responsabilidad.
Defender la libertad cultural no significa atacar las
creencias religiosas, así como profesar una fe tampoco otorga derecho a imponer
una interpretación única de nuestra historia. El debate debe sostenerse con
argumentos, sin insultos ni descalificaciones, y con respeto por la diversidad
de nuestra sociedad.
Desde Red Trans La Libertad, la defensa de los derechos, la
dignidad y la diversidad debe ir de la mano con una educación libre de
prejuicios y una protección integral de la infancia.
El patrimonio no debe ser rehén de los dogmas, ni la
niñez convertirse en pretexto para imponer censuras. El Perú necesita menos
intolerancia y más educación; menos imposiciones y mayor compromiso con la
verdad histórica.
Porque conocer nuestra cultura no amenaza nuestra identidad:
la fortalece. Y proteger a nuestros niños significa garantizarles seguridad,
educación y derechos, no borrar el pasado para acomodarlo a las creencias del
presente.

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